El valor del “sentido común”

En una oposición hay que trabajar un importante número de habilidades y dedicar un volumen considerable de tiempo y esfuerzo. Por eso puede resultar insultante que, tras subrayar la importancia de la constancia, en esta ocasión apelemos al sentido común como uno de los valores más útiles para el opositor.

Sin embargo, además de que el refranero popular es sabio cuando califica al sentido común como el menos común de los sentidos, su aplicación en la oposición es constante para acertar en todas las microdecisiones que vamos tomando tanto durante el estudio del temario como el día del examen.

Algunos ejemplos de respuestas que nos proporciona el sentido común en este último caso:

  • Estar a la hora en el lugar indicado.

Llegar con 1 hora de antelación puede desatar los nervios pero llegar justo cuando el secretario pasa lista, sudoroso y después de subir corriendo por las escaleras del metro no es el mejor comienzo.

  • Acudir bien vestido pero sin excesos.

El día del examen no parece el más adecuado para hacer experimentos sobre la reacción del tribunal si el candidato aparece en deportivas o en esmoquin. Lo más adecuado es llamar la atención por el contenido del examen, no por la indumentaria.

  • Adoptar ante el tribunal una actitud de seguridad y al mismo tiempo de humildad.

Se espera a un candidato convencido del contenido que está transmitiendo pero sin pecar de soberbia ni prepotencia. Los evaluadores están seleccionando a un futuro compañero que sea competente pero accesible.

  • No hacer valoraciones políticas de ningún tipo.

En el tribunal hay funcionarios que en su gran mayoría no tienen filiación política pero no por ello dejarán de tener sus ideas u opiniones, luego no identificarse parece en principio una buena idea.

  • Neutralidad sobre las medidas adoptadas por la administración que aparecen a lo largo del temario.

Es posible que algunas de ellas hayan sido adoptadas por miembros del tribunal o directamente las hayan padecido, así que criticarlas en el primer caso o elogiarlas en el segundo puede generar poca simpatía.

  • Qué abreviaturas utilizar y cuáles no.

Es evidente que UE no necesita de explicación de ningún tipo, que REE necesita explicación la primera vez que se cita indicando que se trata de Red Eléctrica de España y que abreviar ferrocarril a ffcc suena a tomadura de pelo.

Por tanto, el opositor debe esperar de sus preparadores que le proporcionen, además del temario, las clases y el material de estudio, una amplia batería de consejos para enfrentarse a la oposición. Sin embargo, no existen las pociones mágicas: los preparadores se limitan a utilizar en muchos casos una técnica tan primitiva como efectiva, la mayéutica, guiando al opositor a que encuentre unas respuestas que están realmente en él mismo.

Ponerse en el lugar del tribunal, pensar qué esperaría el opositor si fuese el evaluador, resulta cada día la mejor receta para no dejar que la falta de una dosis suficiente de sentido común arruine el esfuerzo de todo un año.